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El puente que me dejó tu ausencia.


Por Maite Rodríguez Márquez


Marcaste mi vida de mil maneras. Fuiste el eco en mis decisiones y, por amarte como te amé, fui salvada de no tomar las peores elecciones: esas que se disfrazan de oportunidades.


Parece que fue ayer cuando te vi sonreír por última vez, pero te llevé conmigo para siempre en el corazón.


Amar, querer, como quieran llamarlo, siempre será una elección. Y yo elegí desearte bien: verte feliz, verte sonreír, aunque no fuera junto a mí.


Aprendí a despedirme de ti mil veces, porque mil veces quise confirmar algo: que, aunque el tiempo pase cruel, me alegra saber que aún sigues en este mundo, respirando. Que tu rostro conserva su brillo y la misma sonrisa de cuando mi alma te abrazó por primera vez.


Y entendí esto: a veces el amor no se queda, pero se convierte en puente.

Un puente entre lo que fui y la mujer que soy hoy.


Un puente que no me ata al pasado, pero me permite cruzarlo con gratitud, sin caerme, sin perderme.

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