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¿Intensa yo? No soy intensa, soy auténtica

Actualizado: 27 ene


Mujer con cabello afro rizado con café y libros frente a un puente al atardecer con frase inspiradora.



No soy intensa.

Soy una mujer que siente de frente.


De las que miran a los ojos.

De las que abrazan sin reservas.

De las que se quedan presentes, aunque nadie esté mirando.

De las que escriben mensajes largos cuando el corazón no sabe resumirse.

De las que recuerdan tus gustos, tus heridas, tus silencios y esas fechas pequeñas que casi nadie celebra.


No soy intensa.

Soy detallista.


Y el detalle no es “mucho”.

El detalle es lenguaje.

Es cuidado.

Es decir, sin decirlo: te vi, te escuché, te tomé en serio.


Lo que pasa es que hoy, en un mundo donde la gente ama desde la conveniencia, una mujer completa parece exagerada.


Porque hay quienes se acostumbraron a lo tibio:

a contestar cuando quieren,

a aparecer cuando conviene,

a “querer” solo con palabras,

y a desaparecer cuando llega el momento de estar de verdad.


Pero yo no sé ser a medias.


No porque no pueda controlarme, sino porque amar a medias me apaga.

Me quita el brillo.

Me recorta el alma.

Me obliga a ser una versión reducida de mí, solo para que alguien se sienta cómodo.


Y no.

Yo no nací para vivir en modo mínimo.


Yo amo con propósito.

Con ternura.

Con lealtad.

Con cuidado.

Con esa clase de amor que no presume, pero protege.

Que no hace ruido, pero permanece.


Y sí, soy intensa, pero no inconsciente.


Porque una cosa es amar bonito y otra muy distinta es permitir que te malinterpreten.


Una cosa es dar mucho y otra es regalarte a quien solo sabe recibir.


Así que si alguna vez te dijeron que eras “intensa”, recuérdalo bien:


Intensa para quien no sabe amar.

Intensa para quien confunde amor con conveniencia.

Intensa para quien solo quiere lo fácil, lo rápido, lo superficial.

Intensa para quien se asusta cuando el cariño es real y constante.


Pero para quien te merece:


serás calma,

serás hogar,

serás refugio,

serás lugar seguro.

Serás ese amor que no exige filtros, porque llega con verdad, con coherencia, con manos limpias.


Mi intensidad no es drama.

Mi intensidad es autenticidad.

Es ser yo misma en lo que doy.

Es entregarme sin jugar.

Es amar con todo, sin perderme.


Y si ser yo misma incomoda, no es intensidad: es incompatibilidad.


Porque no voy a minimizarme para encajar.

Soy auténtica, vine a brillar.

Y sobre todo, a amar como soy.


Lo que te parece demasiado, a mí me parece verdad.

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